Dime lo que piensas…

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto mediten.”
(Filipenses 4:8, NBLA)

La lucha se libra en nuestra mente y en nuestro corazón. Cuando pecamos, no lo hacemos en el vacío: pecamos porque hemos creído una mentira del pecado en lugar de abrazar la verdad de Dios. Siempre se nos ofrece un sustituto pecaminoso al gozo verdadero que se encuentra en la obediencia.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Examinar con honestidad aquello en lo que pensamos constantemente y discernir su origen. ¿Están mis razonamientos saturados de las promesas de Dios? ¿Mis decisiones están guiadas por el consejo bíblico? ¿Mis sentimientos están alineados y justificados por la verdad?

Nos sorprendería descubrir cuánto de lo que pensamos proviene de cualquier otro lugar, menos de la Palabra de Dios.

Por eso, el apóstol Pablo nos llama a aplicar un filtro a nuestros pensamientos, un filtro claramente definido en este pasaje. ¿Es verdadero? ¿Lo que pienso resiste la luz de la Escritura? ¿Es digno, justo, puro, amable, honorable? ¿Hay en ello virtud o algo digno de alabanza?

Si no pasa este filtro, entonces no debemos darle lugar en nuestra mente. La Escritura debe ser nuestra fuente principal de pensamiento en todo lo que respecta a la vida y la piedad. Allí encontramos todo lo que necesitamos para vivir vidas santas que agraden a Dios.

Vale la pena preguntarnos: ¿pienso acerca de mi matrimonio conforme a la Biblia o conforme al mundo? ¿Permito que la corriente de este siglo me diga cómo debo vestirme, sentirme o valorarme, o dejo que el evangelio determine esas cosas? ¿Compro las mentiras del pecado, que prometen una satisfacción efímera, o abrazo las promesas de una satisfacción eterna?

Todos actuamos conforme a lo que habita en nuestra mente y en nuestro corazón. Por eso debemos ser intencionales en predicarnos a nosotros mismos la Palabra de Dios cada día, recordando lo que es verdadero ayer, hoy y siempre, y no permitiendo que pensamientos destructivos inunden nuestra mente.

“En esto mediten”, dice Pablo. Si vamos a permitir que ciertos pensamientos permanezcan en nuestra mente y se sienten en el living de nuestro corazón, asegurémonos de que sean pensamientos llenos de gracia y verdad.

Que el Señor nos ayude a no ser ingenuos, sino astutos en estas cosas, para que no seamos engañados por las artimañas del error y vivamos cada día para Su gloria.

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Enrique Oriolo
Enrique Oriolo

Un gran pecador con un gran Salvador. Esposo de Tamara, papá de Luz, Paz y Sarah. Misionero y Pastor de la Iglesia Bíblica de la Gracia.

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Gracias pastor por esta reflexión tan justas para las necesidades de mi vida.