¿Peleando por comer o beber?

“Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua.”
(Romanos 14:19, NBLA)

¿Somos instrumentos de paz o de conflicto dentro de la iglesia local? Pablo concluye este capítulo con una exhortación clara: procuren lo que produce paz. Procurar es perseguir algo con intención. En la iglesia, entonces, debemos perseguir aquello que promueva la paz del cuerpo de Cristo.

¿Y qué rompe la paz? En este contexto, Pablo menciona juicios innecesarios sobre cuestiones de conciencia: si uno come o no come, si bebe o no bebe, si celebra ciertos días o no los celebra. Es decir, asuntos secundarios que no definen la fe, pero que sí pueden destruir la comunión.

La meta de la iglesia es parecernos a Cristo, no tener las mismas preferencias de unos u otros. No todos comerán lo mismo, ni beberán lo mismo, ni sostendrán las mismas prácticas culturales. Y eso está bien. Cuando usamos el amor para aceptar nuestras diferencias en lo no esencial, la paz florece, y la edificación se vuelve posible.

¿Qué iglesia puede edificarse si vive peleando por cosas que no están en el centro del evangelio? Si celebran Navidad o no, si toman vino o no, si escuchan música o no. Pablo es tajante: “No destruyas la obra de Dios por causa de la comida” (v. 20).

No hablamos de pasar por alto el pecado; el pecado debe juzgarse con justo juicio. Pero sí hablamos de no convertir preferencias personales en mandamientos divinos. La paz requiere humildad, amor y la disposición de no poner tropiezo a un hermano por algo que no es esencial.

Por eso Pablo dice: “Es mejor no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tu hermano tropiece” (v. 21). Cada uno camine en sus convicciones en lo no esencial, sin imponerlas ni juzgar al otro. Que sea el amor de Dios lo que gobierne nuestras relaciones para vivir en paz y edificarnos mutuamente.

Pregúntate:
—¿De qué manera mis juicios han sido tropiezo para otro?
—¿He cargado la conciencia de un hermano con algo que Dios no llama pecado?
—¿He usado mi libertad sin considerar si edifica?

Pidamos a Dios vivir unánimes, disfrutando la multiforme gracia del Señor, y procurando —intencionalmente— todo lo que contribuya a la paz y a la edificación mutua.

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Enrique Oriolo
Enrique Oriolo

Un gran pecador con un gran Salvador. Esposo de Tamara, papá de Luz, Paz y Sarah. Misionero y Pastor de la Iglesia Bíblica de la Gracia.

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