“Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto.”
(Romanos 12:2, NBLA)
Vivimos en el mundo, pero no somos del mundo. Aun así, el mundo intenta constantemente atraernos a sus caminos. Quiere meternos en la cabeza valores que no tienen nada que ver con la Palabra de Dios. Quiere llenarnos de un anti-evangelio que dice que valemos por lo que tenemos, por cómo lucimos o por lo que podemos lograr por nuestros propios méritos.
Y si somos sinceros, muchas de esas ideas se nos han metido adentro sin darnos cuenta. Empezamos a afanarnos por las posesiones, por la apariencia y por alcanzar el éxito. Entonces, ¿qué hacemos? La Biblia nos dice claramente: necesitamos renovar nuestra mente.
Esa renovación es obra del Espíritu Santo, y Él usa principalmente Su Palabra para transformar nuestro pensamiento. ¿Cómo vamos a enfrentar los pensamientos que el mundo quiere imponernos si no llenamos nuestra mente con los pensamientos de Dios?
La voluntad de Dios es buena, aceptable y perfecta. Pero el mundo también quiere darte su propia versión de lo que “debería” ser bueno, aceptable y perfecto para vos. ¿Cómo distinguir una voz de la otra? Abrí tu Biblia. Leela. Meditala. Ahí está la voluntad de Dios, clara y accesible, para que podamos reconocer lo que realmente es bueno, agradable y perfecto.
Hacete estas preguntas: ¿Cuánto tiempo pasa el mundo predicándome?¿Cuánto tiempo paso yo renovando mi mente y aprendiendo la voluntad de Dios? La verdad es que, muchas veces, dedicamos menos tiempo del que deberíamos a Su Palabra.
¡Qué buen recordatorio nos da el Señor! No se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente. Que sea Su Palabra la que dé forma a nuestros pensamientos.
¿Qué voz vas a escuchar hoy?
Que el Señor nos ayude a no dejarnos moldear por las voces de este mundo, sino por la voz de Su Palabra. La renovación de nuestra mente no es un evento, sino un camino diario.




