Necesidad de amor

“Contribuyendo para las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad.” (Romanos 12:13, NBLA)

Los creyentes no debemos estar tan enfocados en la eternidad futura que nos olvidemos de las necesidades presentes, especialmente las de la familia de la fe. ¿Hay necesidades entre los santos que están a tu alrededor? Contribuyamos para satisfacerlas. No es opcional: es un mandato, una consecuencia natural del amor que recibimos en la cruz.

Jesús es nuestro modelo supremo. Él suplió nuestra mayor necesidad cuando nadie podía hacer nada al respecto. Y lo hizo no por “los santos”, sino por nosotros siendo pecadores. Si ese es el amor que recibimos, ese es el amor que estamos llamados a imitar: servir y suplir necesidades prácticas de los hermanos.

Preguntate: ¿tienen tus hermanos alguna carga que vos podés aliviar? ¿Hay algo en lo que puedas contribuir junto con otros? Estos mandatos nos sacan de la comodidad y nos obligan a mirar más allá de nuestras propias vidas.

El amor cristiano no solo ora por la necesidad; también se dispone a ser instrumento de Dios para suplirla cuando está a su alcance. No todos los creyentes tienen las mismas necesidades, ni todos cuentan con los mismos recursos, pero a cada uno se le ha dado una medida. Y es conforme a esa medida que Dios nos evaluará. Como dijo Pablo: “Porque si hay buena voluntad, se acepta según lo que se tiene, no según lo que no se tiene” (2 Co. 8:12).

A su vez, la hospitalidad es una manera hermosa y concreta de suplir necesidades. Debe ser una práctica frecuente, no un recuerdo lejano. ¿Con qué frecuencia? Con la suficiente como para poder decir, sin forzar la conciencia, que practicamos la hospitalidad.

Que el interior de tu hogar sea un lugar familiar para tus hermanos en Cristo; que tu casa sea un refugio de gracia para el herido, como aquel mesón al que el buen samaritano llevó al hombre medio muerto para que fuese cuidado. ¿Es tu hogar un refugio de gracia?

Que el Señor nos ayude a vivir un amor que no sea solo de palabra, sino de hecho y en verdad.

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Enrique Oriolo
Enrique Oriolo

Un gran pecador con un gran Salvador. Esposo de Tamara, papá de Luz, Paz y Sarah. Misionero y Pastor de la Iglesia Bíblica de la Gracia.

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