¿Qué clase de hombres requiere Dios para pastorear su iglesia? · Parte 1 de 1

Por qué importa quién pastorea la iglesia

No todo el que se sube a un púlpito debería hacerlo. En este primer artículo sobre Tito 1:5-9 vemos por qué Jesús, el dueño de la iglesia, quiere para ella pastores bíblicamente calificados.

Rebaño de ovejas mirando a cámara en un campo, en blanco y negro

Nota: Este es el primero de cinco artículos sobre la pregunta: ¿Qué clase de hombres requiere Dios para pastorear su iglesia?, a partir de Tito 1:5-9.

Si has estado el suficiente tiempo en la iglesia evangélica has podido ver ejemplos de líderes que eran lobos disfrazados de ovejas. Terminan haciendo un daño grande a la iglesia hacia dentro, lastimando a las personas en lugar de sanarlas, y hacia fuera de la iglesia son un mal testimonio al mundo.

¿Por qué pasa eso? En muchas ocasiones, pasa porque las ovejas mismas no tienen en cuenta lo que la Biblia dice sobre el carácter que estos pastores deben tener y dejan que los lobos los pastoreen. En otros casos, estos hombres se autoproclaman pastores, abren iglesias y se forman una congregación que los siga y obedezca. En ambos casos hay alguien que es ignorado: el dueño de la iglesia, Jesús. Pero la voluntad de Jesús para su iglesia es que tenga pastores bíblicamente calificados.

Nosotros tenemos todo lo necesario para caer en la misma trampa. Somos tentados a escuchar a predicadores con gran oratoria y a creer sus mentiras; creemos que, porque alguien habla bien y es carismático, puede ser pastor. Esa es nuestra tendencia por causa de nuestra condición caída. No estamos buscando por naturaleza al que tiene buen carácter, ni es natural buscar la verdad ni la piedad. Esto no les pasa solo a los de otras iglesias, nos pasa a nosotros también.

¿Y por qué “bíblicamente calificados”? 

Por lo que vimos al principio. No todo lo que brilla es oro. No todo el que se sube a un púlpito a predicar debería hacerlo. No todo el que ejerce autoridad sobre la congregación debería hacerlo. Hay muchos engañadores, falsos, hipócritas e inmorales… pero también hay otros que quizás no son unos hipócritas, que aman al Señor, pero no han pasado por la examinación de su carácter conforme a la Palabra de Dios. Están buscando hacerlo de buena intención, pero la buena intención no reemplaza la obediencia a la Palabra de Dios.

Si vamos a tener pastores conforme a la voluntad de Dios, tenemos que seguir la Palabra de Dios. Y eso es lo que Pablo le dice a Tito sobre los ancianos que debe colocar en las iglesias.

“Por esta causa te dejé en Creta, para que pusieras en orden lo que queda, y designaras ancianos en cada ciudad como te mandé. Lo designarás, si el anciano es irreprensible, marido de una sola mujer, que tenga hijos creyentes, no acusados de disolución ni de rebeldía. Porque el obispo debe ser irreprensible como administrador de Dios, no obstinado, no iracundo, no dado a la bebida, no pendenciero, no amante de ganancias deshonestas. Antes bien, debe ser hospitalario, amante de lo bueno, prudente, justo, santo, dueño de sí mismo. Debe retener la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen.”

Tito 1:5–9 · NBLA

La tarea en Creta estaba incompleta. Había iglesias en cada ciudad, pero aún no tenían pastores. Eso era “lo que queda”. Tito tenía una autoridad especial que no encontramos en la iglesia actualmente: era un delegado apostólico, así como Timoteo en Éfeso, y tenía una misión encomendada directamente por Pablo, que era un apóstol de Jesús.

Su misión era completar lo que faltaba: designar ancianos en cada ciudad. Esto nos deja ver la importancia del oficio pastoral en una congregación y que es el plan de Dios que las iglesias tengan pastores. Sin pastores, están incompletas.

Pablo escribió a los efesios que Jesús dio pastores a la iglesia para capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo. Una iglesia sin pastores va a sufrir grandes obstáculos en el proceso de procurar la edificación del cuerpo. No porque no tengan conocimiento de la Palabra como para animarse mutuamente, sino porque el rol pastoral está diseñado para guiar, cuidar, alimentar, capacitar y proteger a la congregación conforme a la voluntad de Dios.

Si no fueran necesarios, no tendríamos la carta de Tito y Jesús no los hubiera dado a la iglesia. Por eso, si Pablo es un apóstol de Jesús, tiene sentido que deje a Tito en Creta para designar pastores en las iglesias locales.

¿Qué es un anciano?

¿A qué hace referencia con “ancianos”? En el Antiguo Testamento el término ancianos refiere a los jefes de las familias o a los jefes de las tribus. En el Nuevo Testamento el término griego presbíteros se usa en los evangelios para designar a los ancianos de los judíos, que en su mayoría eran miembros del Sanedrín, hombres respetados, conocedores de la ley y con autoridad para gobernar. Luego, en el libro de Hechos, el término también comienza a usarse para las autoridades de las congregaciones cristianas. La iglesia de Jerusalén tenía ancianos (Hch 11 y 15), y cuando Pablo y Bernabé volvieron a visitar las iglesias que habían establecido en su viaje misionero, designaron ancianos para que las cuidaran: “Después que les designaron ancianos en cada iglesia, habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hch 14:23). Es decir, un grupo de ancianos era el que velaba y gobernaba cada congregación (Hch 20:17).

La iglesia le pertenece a Jesús. Él es la cabeza de la misma, es decir, su autoridad máxima y quien en última instancia la pastorea. Entonces, es Él y solo Él quien puede exigir requisitos para los hombres que la gobiernen y cuiden. Y, a su vez, es Jesús mismo quien da a esos hombres lo que se requiere para el cuidado de su iglesia. No son hombres extraordinarios, sino hombres comunes que el Señor Jesús ha dotado de gracia y madurez para el cuidado de su iglesia.

Por eso, para que solo se designe a quienes Jesús ha apartado para esa tarea, deben seguirse los requisitos bíblicos de carácter y aptitudes.

Debe ser irreprensible

Y lo que engloba todas las características es la irreprensibilidad. El que ha de ser anciano en la iglesia debe ser irreprensible. ¿Qué significa? Que no hay motivo para reprenderlo, que no se le puede culpar de una falta grave y sostenida en su conducta. No significa que no peca ni que no tiene áreas de crecimiento, sino que vive de manera coherente con lo que profesa.

No que lo vaya a ser en el futuro, sino que debe serlo en el presente, en el momento en que se lo considera y nombra como anciano. Eso no significa que no haya hombres que quizás aún no son irreprensibles, pero que están creciendo en esas áreas hasta llegar a serlo. Al fin y al cabo, todo cristiano es llamado a ser irreprensible por medio de la gracia de Dios.

¿Pensaste alguna vez que Jesús no solo quiere que sus pastores sean irreprensibles, sino que todos los que le siguen puedan vivir de una manera santa y sin reproche? No porque podamos lograrlo nosotros mismos, apartados de Él. Como dijo Jesús: “separados de Mí nada pueden hacer” (Jn 15:5). Es por medio de Su gracia y el poder de Su Espíritu que podemos crecer en esa irreprensibilidad. Eso es un gran aliento, ¿verdad?

En el próximo artículo comenzaremos a ver en qué áreas el Señor Jesús pide a los ancianos ser irreprensibles, empezando por su hogar.

Serie · 1 estudio

¿Qué clase de hombres requiere Dios para pastorear su iglesia?

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Escrito por

Enrique Oriolo

Ama servir en la capacitación de nuevos pastores y líderes, anhelando el establecimiento de nuevas iglesias bíblicas.

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