EL PESO DE SU GLORIA: Recuperando el sentido de la Reverencia

En la era de lo instantáneo, lo casual y lo informal, corremos un grave peligro dentro de nuestras congregaciones: perder el asombro ante lo sagrado. A menudo confundimos la cercanía de Dios con un exceso de familiaridad o confianza, y Su amor de Padre con una amistad que carece de respeto. Pero, ¿qué significa realmente ser reverentes hoy?

La etimología de la reverencia

La palabra reverencia nace del latín reverentia, que significa “mirar con cuidado” y “tener temor respetuoso”. Ser reverente no es tener miedo a un castigo; es tener los ojos abiertos para reconocer la grandeza de quien tenemos enfrente. En hebreo, la gloria de Dios se dice «Kavod», que literalmente significa peso. Ser reverente es darle a Dios el «peso» que Su presencia merece. Es un respeto profundo ante la grandeza de Dios.

La reverencia implica un reconocimiento. Es reconocer el valor superior de lo que tenemos enfrente, es una humildad voluntaria.

El peligro de lo «profano»

Antiguamente, «profanar» no era necesariamente insultar a Dios; era simplemente tratar lo sagrado como si fuera algo común.

  • Pecamos de irreverencia cuando en nuestro culto la plataforma se vuelve un mero escenario, cuando la oración se vuelve un monólogo mecánico o cuando usamos el celular en medio del sermón sin un urgencia real. No estamos teniendo en cuenta que estamos en la presencia de Dios mismo, no somos concientes verdaderamente de lo que eso significa.
  • Pecamos de irreverencia cuando nuestras oraciones son demasiado informales olvidando que nuestro Dios, aunque es Padre, también es el Rey del Universo.
  • Pecamos de irreverencia cuando nos presentamos ante Dios sin un examen previo de nuestros corazones:
    • Corazones cargados de conflictos no resueltos.
    • Corazones cargados de pecados no arrepentidos.
    • Tratando lo sagrado como algo común.
    • Olvidando quien es Dios, Su gloria y Su santidad.
  • Como decía el autor A.W. Tozer: «Estamos tratando de ser ‘amigotes’ de Dios, olvidando que Él es el Dios Omnipotente». Cuando la presencia de Dios ya no nos hace temblar ni nos invita al silencio, hemos trivializado nuestra fe.

La Santidad y la Majestad

La Biblia nos muestra que nadie que se encontró con Dios permaneció indiferente. Moisés se quitó las sandalias, Isaías cayó sobre su rostro al ver Su santidad, y los ancianos en el Apocalipsis lanzan sus coronas al suelo.

La reverencia es el reconocimiento consciente de la distancia entre la criatura y el Creador. Es entender que, aunque Dios es nuestro Padre, Él sigue siendo el «Fuego Consumidor» (Hebreos 12:29). La verdadera adoración nace de este equilibrio: la alegría de Su amor y el temblor ante Su majestad. Evitemos los extremos y busquemos el balance temeroso y gozoso.

¿Cómo practicar la reverencia hoy?

Recuperar la reverencia no se trata de ser rígidos o fríos, sino de preparar el corazón:

  • El valor del Silencio: Antes de empezar el culto, apaga el ruido externo para escuchar Su voz. Pongamos nuestros celulares en silencio, evitemos distracciones.
  • La Postura del Corazón: Presentémonos ante Él no por compromiso, sino con la conciencia de que estamos en suelo sagrado. Examinemos si hay pecado que necesita ser confesado, si hay una actitud arrogante u orgullosa en nosotros, busquemos una postura de humildad conciente de Dios. Más importante que doblar nuestras rodillas en el suelo es que nuestros corazones doblen sus rodillas ante Dios.
  • La Intencionalidad: Que cada canción y cada palabra sea una ofrenda digna, no «fuego extraño» ni palabras vacías. Que cantemos con entendimiento y conciencia de lo que decimos, que no seamos culpables de cantar aquello que no tenemos intención de vivir. El querido predicador Tozer dijo una vez: “Los cristianos no dicen mentiras, las cantan”.
  • El Oído Espiritual Atento: Cuando oremos, cuando escuchemos la palabra de Dios leída o cuando el sermón haya iniciado, no tengamos una actitud indiferente, como quien escucha una canción de fondo mientras está haciendo o pensando otra cosa. Si realmente creemos que hemos venido a adorar a Dios y que Él nos está hablando por medio de Su palabra predicada, y que Su Espíritu Santo está activo obrando por medio de la predicación, ¿cómo vamos a pecar contra Dios siendo indiferentes a Su obrar y Su presencia en medio nuestro?

Necesitamos recuperar el temor reverente. No es el miedo de un esclavo ante un tirano sino el asombro de un hombre que mira al sol de frente: sabe que le da vida, pero sabe que su poder es capaz de consumirlo.

Hermanos, no permitamos que la costumbre nos robe el asombro. Busquemos que nuestra iglesia sea un lugar donde se sienta el «peso» de Su presencia. Que cuando el mundo nos vea adorar, entienda que servimos a un Dios que es Santo, Santo, Santo.

“Adoren al SEÑOR con reverencia, Y alégrense con temblor.” (Salmo 2:11, NBLA)

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Enrique Oriolo
Enrique Oriolo

Un gran pecador con un gran Salvador. Esposo de Tamara, papá de Luz, Paz y Sarah. Misionero y Pastor de la Iglesia Bíblica de la Gracia.

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