Serie «La mesa del nuevo pacto» — Parte 3 de 5
(Viene de la Parte 2: «La Pascua de Jesús».)
La semana pasada vimos cómo Jesús instituyó la Santa Cena durante la celebración de la Pascua. Ambas celebraciones recuerdan la redención de Dios: en la Pascua, la liberación de Egipto; en la Santa Cena, nuestra libertad del pecado y la muerte por el sacrificio de Cristo. En ese sermón, establecimos los fundamentos de la Santa Cena y su significado en nuestra unión con Cristo y Su cuerpo, resistiendo la tentación de apresurarnos hacia aplicaciones sin primero entender su profundidad.
1) Dios de Pactos
Sin duda hemos escuchado muchas veces la palabra “pacto” en sermones y enseñanzas, y la hemos leído en nuestras biblias, pero ¿entendemos bien lo que significa?
Un pacto es una relación intencional entre dos partes que incluye promesas vinculantes. A diferencia de un contrato, un pacto no es un acuerdo meramente impersonal, sino que se basa en una relación existente entre las partes. Por ejemplo, uno puede firmar un contrato de alquiler sin conocer personalmente al dueño de la casa, pero un pacto no puede establecerse entre desconocidos, ya que requiere el contexto de una relación.
El matrimonio es un ejemplo sencillo de un acuerdo entre dos personas que deciden comprometerse y hacer promesas de fidelidad y lealtad. Dos personas se conocen, inician una relación donde deciden intencionalmente hacer un pacto de matrimonio. En cambio, la relación entre padres e hijos no funciona de la misma manera, ya que no es un acuerdo, sino un vínculo natural. Aunque padres e hijos tienen responsabilidades mutuas, estas nacen de esa relación natural y no de un compromiso formal como en el matrimonio.
En el matrimonio, las promesas y responsabilidades son claras. Los esposos se comprometen a ser fieles y cada uno tiene deberes que cumplir dentro de ese compromiso mutuo. Es un acuerdo de dos partes basado en el compromiso y la confianza.
Los pactos en la Biblia incluyen promesas, obligaciones y a menudo señales visibles, como vemos en el pacto entre Abraham y Abimelec (Génesis 21).»
Los pactos han sido muy comunes a lo largo de la historia de la humanidad, pero no todos han sido iguales. El teólogo y profesor de Nuevo Testamento Thomas Schreiner dice al respecto de los pactos: “…no todos los pactos eran similares en el mundo antiguo. En algunos pactos, una persona con más autoridad hacía un pacto con los que tenían menos autoridad y poder. Éste era el caso cuando un rey establecía una relación con sus súbditos. Los lectores de la Biblia piensan de inmediato en el pacto que Dios hizo con los seres humanos, pues en este caso tenemos a una persona superior que hace un pacto con una inferior”.
Entonces, ¿cómo podemos definir un pacto bíblico que Dios hace? Un pacto en la Biblia es un acuerdo soberano establecido por Dios con individuos o Su pueblo, que incluye promesas, responsabilidades, y a menudo una señal externa, para revelar Su carácter, Su propósito redentor y Su relación con la humanidad.
Los pactos que encontramos en la Escritura son:
- Pacto con Noé
- Pacto con Abraham
- Pacto con Israel
- Pacto con David
- Nuevo Pacto
En los pactos que Dios hace hay dos partes: Dios (que es siempre el dador del pacto) y el hombre (que es el receptor del pacto). En esos pactos Dios garantiza promesas específicas (incluyen bendiciones, protección, salvación, comunión o prosperidad), que en algunos pactos son incondicionales y otros son condicionales a la obediencia del hombre (por ejemplo, el pacto del Sinaí o mosaico).
A lo largo de la historia, Dios hizo pactos con Noé, Abraham, Israel y David, cada uno con promesas específicas y señales visibles. Estos pactos reflejan Su propósito redentor, culminando en el nuevo pacto, sellado por la sangre de Cristo.
Es importante entender la distinción de los pactos porque cuando leemos nuestra Biblia en el devocional y vemos un pasaje de Levítico donde dice que si alguien deshonra a su padre o madre debe ser apedreado hasta morir, podemos confundirnos en su aplicación. ¿Debo apedrear a mi hijo? ¿me apedrearán mis padres? Es muy común que falsos maestros usen promesas del pacto con Israel para aplicarlas hoy a su audiencia, entonces le prometen que si obedecen a Dios serán cabeza y no cola, serán prosperados, no estarán enfermos, etc. Esas son promesas que están dentro de las promesas pactuales de Dios a Israel en el contexto de su pacto en el Sinaí. No son promesas para los cristianos, porque el pacto del Sinaí o el antiguo pacto ya ha quedado obsoleto y reemplazado por el nuevo pacto.
Si bien lo que hoy estamos viendo es solo algo introductorio bien puede servir para darnos un panorama de los pactos y su importancia.
Los pactos también generalmente eran acompañados de un sello o señal visible como recordatorio:
- Pacto con Noé: El arco iris (Génesis 9:13).
“»Pongo Mi arco en las nubes y será por señal de Mi pacto con la tierra.” (Génesis 9:13, NBLA)
Las señales visibles del pacto tenían el propósito de servir como un recordatorio constante de las promesas de Dios y de las responsabilidades del pueblo en el marco del pacto. Estas señales reforzaban la relación entre Dios y Su pueblo, recordándoles tanto Su fidelidad como su llamado a vivir en obediencia.
- Pacto con Abraham: La circuncisión (Génesis 17:10).
“»Este es Mi pacto con ustedes y tu descendencia después de ti y que ustedes guardarán: Todo varón de entre ustedes será circuncidado. »Serán circuncidados en la carne de su prepucio, y esto será la señal de Mi pacto con ustedes.” (Génesis 17:10–11, NBLA)
Los varones israelitas llevaban en su cuerpo la señal del pacto: la circuncisión. Este derramamiento de sangre los vinculaba con el pacto que Dios estableció con Abraham y su descendencia, recordándoles Su promesa y su relación especial con Él.
- Pacto con Israel: El día de reposo (Éxodo 31:13-17) y la cena pascual como memorial (Éxodo 12).
“”Los israelitas guardarán, pues, el día de reposo, celebrándolo por todas sus generaciones como pacto perpetuo” »Es una señal entre Yo y los israelitas para siempre. Pues en seis días el Señor hizo los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó de trabajar y reposó».” (Éxodo 31:16–17, NBLA)
“”La sangre les será a ustedes por señal en las casas donde estén. Cuando Yo vea la sangre pasaré de largo, y ninguna plaga vendrá sobre ustedes para destruirlos cuando Yo hiera la tierra de Egipto. ”Y este día será memorable para ustedes y lo celebrarán como fiesta al Señor. Lo celebrarán por todas sus generaciones como ordenanza perpetua.” (Éxodo 12:13–14, NBLA)
El día de reposo fue establecido como la señal visible del pacto de Dios con Israel, recordándoles que Él es su Creador y Salvador. Este día debía ser apartado para adorarlo y descansar de sus labores diarias. De manera similar, la cena pascual fue instituida como un recordatorio anual de la liberación de Egipto, la obra redentora de Dios que marcó el inicio del pacto del Sinaí.
Nuevo Pacto: La Santa Cena y el bautismo son las señales visibles del nuevo pacto en Cristo (Lucas 22:20; Mateo 28:19).
“También en Él ustedes fueron circuncidados con una circuncisión no hecha por manos, al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Cristo; habiendo sido sepultados con Él en el bautismo, en el cual también han resucitado con Él por la fe en la acción del poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos.” (Colosenses 2:11–12, NBLA). Pablo vincula el bautismo con la circuncisión. El bautismo es la señal visible de que hemos recibido la circuncisión de Cristo, la nueva vida.
“De la misma manera tomó la copa después de haber cenado, diciendo: «Esta copa es el nuevo pacto en Mi sangre, que es derramada por ustedes.” (Lucas 22:20, NBLA). Lucas usa el mismo lenguaje que Moisés en Éxodo 24 cuando rocía al pueblo con la sangre de los sacrificios para sellar el pacto mosaico.
Los pactos, cada uno en su contexto, reflejan el deseo de Dios de tener comunión con el pueblo que escogió por medio de su gracia soberana. Pero estos pactos no eran definitivos, sino que apuntaban a un mejor pacto, al cumplimiento final del pacto de gracia en el nuevo pacto, sellado por la sangre de Cristo, por medio del cual Dios transforma los corazones y establece una relación eterna con Su pueblo redimido.
Continúa en la Parte 4: «La promesa del nuevo pacto y la conversión».
Esta serie reproduce el texto de una serie de mensajes predicados en la Iglesia Bíblica de la Gracia (Lanús, Argentina). Salvo indicación contraria, las citas bíblicas son de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA).




